LOS CASOS DEL PROFESOR CASTILLO - Capítulo segundo: "El caso de las fotografías ocultas"
Cuando el profesor Castillo recibió aquella llamada de la policía, sufrió una fuerte conmoción: un prestigioso botánico, gran amigo suyo, había sido encontrado muerto en el invernadero de su casa del campo, rodeado de sus queridas plantas, asesinado. Era muy probable que él hubiera sido la última persona en verlo con vida, a excepción de los asesinos.
Era un hombre algo extraño, incluso se podría decir que un poco huraño, enemigo de la tecnología. Ni siquiera tenía teléfono en su casa de campo aislada en la sierra. Odiaba Internet y los teléfonos móviles. Quizá esto le costó la vida.
Según la policía todo apuntaba a mafiosos ruritanos. El botánico había llamado a la policía pocos minutos antes diciendo que estaba siendo perseguido por unos asesinos. En uno de sus paseos por el monte, estaba fotografiando unas orquídeas cuando casualmete fue testigo de un asesinato. Sin dudarlo tomó unas fotografías de los asesinos con su vieja Leica que le había acompañado siempre en los últimos treinta años.
Pero un crujir de ramas le traicionó y tuvo que huir todo lo rápido que sus cansadas piernas le permitieron, perseguido por los sicarios. Consiguió alcanzar su coche y darles esquinazo. La policía encontró su coche roto en una cuneta, cerca de la casa del botánico. Es posible que su estado de nervios le hiciera salirse de la carretera, pero consiguió llegar a pie a su casa.
Unas horas más tarde llegó su mujer y lo encontró muerto. Horrorizada condujo su coche hasta el pueblo y llamó a la policía. Cuando los agentes llegaron a su casa, encontraron todo revuelto. Habían arrasado con su estudio fotográfico, registrado todo y destrozado todas las plantas del invernadero. Posiblemente consiguieron descubrir el paradero del botánico por la matrícula de su coche y sus contactos corruptos de la policía. Una simple llamada les bastó para tener su dirección. El botánico en cambio tendría que haber caminado varios kilómetros hasta el pueblo más cercano para llamar a la policía, una prueba imposible para su viejo corazón.
Los mafiosos, evidentemente, buscaron las fotografías y al no encontrarlas, obligaron al pobre hombre a entregárselas, a golpes, pero se les fue la mano y éste murió enseguida. Le falló el corazón. Los policías tenían la esperanza de que hubiera muerto antes de entregarles las fotografías y que éstas siguieran ocultas en la casa. Buscaron meticulosamente, pero no encontraron nada.
Cuando tomaron declaración al profesor Castillo, éste poco pudo contar, pero la policía le pidió que les acompañara a la casa del botánico, para ver si a él se le ocurría dónde podía haber escondido las fotografías. Cuando entró en el invernadero, lo examinó cuidadosamente. Sabía que era el lugar más importante para su amigo. Miró y remiró, tocó y olisqueó todo. Cuando terminó dijo:
-Ya sé dónde ocultó las fotografías, vayamos al laboratorio.
-Ya lo hemos registrado, hasta el último nanómetro cuadrado- dijo el agente, que era un tipo culto.
-No están en el laboratorio, sino aquí en el invernadero, pero necesito coger algunas cosas de allí.
¿Cómo encontró el profesor Castillo las fotografías perdidas?

